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Enfermedad de Hashimoto (Enfermedades del Tiroides)

 Autores  J. Guerrero Fernández
 Fecha de última modificación: 21/05/2014

La tiroiditis de Hashimoto representa una enfermedad del tiroides frecuente y, en la mayor parte de los casos, banal que tiene un tratamiento relativamente fácil aunque muy probablemente de por vida.
Debe saber que recibe muchos otros nombres: “tiroiditis crónica autoinmune”, “enfermedad de Hashimoto” y, si se diagnosticó a raíz de un hipotiroidismo, “hipotiroidismo autoinmune” o “hipotiroidismo secundario a enfermedad de Hashimoto”

¿A que se debe la “inflamación del tiroides” (=tiroiditis)? Es importante saber que la inflamación del tiroides tiene múltiples causas (por ejemplo, una infección, un traumatismo, etc) aunque en este caso, en la enfermedad de Hashimoto, existe un único origen: el autoinmune. Esto significa que el sistema inmunitario de su hijo (sus “defensas”) ataca a la glándula tiroides por error, provocando su inflamación y deteriorando su función en mayor o menor grado.

¿A qué se debe este error del sistema defensivo? No se conoce con exactitud pero se trata de un fenómeno que puede suceder inesperadamente en cualquier momento de la vida, generalmente a partir de la adolescencia y de forma predominante en mujeres. En algunos casos existen antecedentes familiares del mismo problema (indague por problemas de tiroides) o de otras enfermedades autoinmunes (diabetes mellitus tipo 1, enfermedad celiaca, etc). Recientemente, para estos casos se están descubriendo alteraciones en determinados genes que predisponen a esta enfermedad aunque el uso de técnicas para buscar dichas alteraciones en la actualidad está restringido al mundo de la investigación. Muy excepcionalmente forma parte de enfermedades más complejas en las que existen otros órganos afectados por lo que no es de rutina, salvo que existan otros problemas asociados sospechosos, estudiarlas en su hijo.

¿Cuáles son los síntomas de esta inflamación del tiroides de origen autoinmune? Esta enfermedad pasa desapercibida en la mayor parte de los casos ya que habitualmente no produce dolor, de modo que su diagnóstico suele hacerse de forma casual (una analítica rutinaria). Otras veces se descubre porque se nota un incremento en el tamaño de la parte anterior del cuello (bocio = aumento del tamaño del tiroides), porque aparecen síntomas sutiles que obligan a un estudio de la función del tiroides (somnolencia que causa retraso escolar, cansancio, ganancia de peso, inapetencia =  síntomas de hipotiroidismo). Rara vez puede detectarse la enfermedad en sus comienzos, es decir, en el momento en que la inflamación del tiroides provoca una destrucción de parte de sus células y una liberación masiva de hormonas tiroideas (hipertiroidismo transitorio = nerviosismo, sudoración, pulso acelerado, insomnio, adelgazamiento, etc).
Desde un punto de vista teórico se dice que esta enfermedad puede suceder en tres fases:
1º La primera, en la que, como se ha relatado hace un momento, se liberan hormonas tiroideas que provocan hipertiroidismo (fase hipertiroidea). Suele pasar desapercibida.
2º Los niveles de hormonas tiroideas que se liberaron masivamente a la sangre se agotan. La función del tiroides es normal y no existen síntomas (fase eutiroidea)
3º El tiroides dañado en mayor o menor grado, deja de producir hormonas y aparece, de forma progresiva, síntomas de hipotiroidismo (fase hipotiroidea). No siempre sucede esta última fase.

¿Puede curarse esta enfermedad? Habitualmente no, es decir, acaba provocando un problema de hipotiroidismo de por vida si el daño ha sido importante. En teoría podría pensarse que si el daño ha sido escaso y el fenómeno autoinmune acaba desapareciendo el tiroides dejará de ser atacado y retornar a su función. Esta eventualidad resulta poco frecuente y sería posible suspender el tratamiento con hormona tiroidea (véase más abajo).

¿Cómo se diagnostica? Ya se acaba de explicar que su descubrimiento suele ser casual al realizar una analítica rutinaria o en la investigación de ciertos síntomas. Se encontrará que los niveles de hormonas tiroideas (T4 y T3) son bajos (si hay hipotiroidismo) o altos (en la primera fase de la enfermedad que es transitoria) y que los anticuerpos dirigidos contra componentes del tiroides están elevados (anticuerpos antitiroglobulina y/o anticuerpos antiperoxidasa). También resultará útil la realización de una ecografía del tiroides que muestre “signos de inflamación” y aumento de su tamaño.
Se dice, no obstante, que un porcentaje de la población general tiene anticuerpos contra el tiroides... ¿es cierto? ¿cómo saber si no está desarrollando una tiroiditis? En efecto, un pequeño porcentaje de la población sana tiene anticuerpos contra el tiroides aunque a niveles no excesivamente altos. Es posible que en ellos el riesgo de desarrollar tiroiditis a lo largo de su vida sea mayor, sobre todo si hay antecedentes en la familia de este problema o los niveles van aumentando. La única forma de asegurar que en este instante no tiene tiroiditis es demostrar que su tiroides funciona bien y no hay signos de inflamación en una ecografía.

Por último, ¿cómo se trata? En caso de hipotiroidismo, es fundamental la administración de hormona tiroidea (levotiroxina) aunque no siempre logrará una normalización de los anticuerpos antitiroideos ni, por tanto, solventar la inflamación. En caso de hipertiroidismo (primera fase), la terapia será sintomática (reducir palpitaciones, sudoración) mediante fármacos denominados betabloqueantes; este tratamiento sería transitorio a la espera de que se normalice la función del tiroides o empeore y, en tal caso, empezar con hormona tiroidea.